domingo, 26 de febrero de 2012

Mantener tu casa limpia




El ambiente de tu casa debes dominarlo siempre.
Si deseas que tu familia se encuentre a gusto en tu casa, debes procurar mantener tu casa limpia, agradable, ordenada. Entonces da gusto estar y toda la familia lo nota. Pero cuando entra por la puerta de tu casa algo que mancha, que ensucia el ambiente, hemos de tener cuidado y eliminar ese peligro cuanto antes.
Muchas veces no nos damos cuenta de ese peligro y cuando lo advertimos ya es tarde. Otras ocasiones, no queremos darnos cuenta o no le damos la importancia que esto tiene.
Carlos, el entrenador de los benjamines, me vino muy preocupado porque había tenido una conversación con la madre de Marcos y no sabía qué hacer. Marcos está recién llegado de Valencia. Allí jugaba al fútbol en un buen equipo y ahora, al trasladarse los padres a Barcelona, entró a formar parte del equipo. 
La madre contaba que el niño estaba siendo víctima de bromas por parte de algunos de sus compañeros y que no podía más. Se habían metido con él llamándole intruso, malo, creído, etc. Le hacían la vida imposible y lo estaba pasando muy mal. Al final el niño, que no decía nada, se lo contó a su madre y esta a Carlos, su entrenador.
Junto a este problema, Carlos me comentaba que había notado un mal ambiente entre los padres del equipo. Que ya no estaban juntos. Cada uno miraba el partido desde un sitio distinto y que no se hablaban. Algo raro estaba pasando.
Para colmo, notaba en los niños una excesiva presión en los partidos y que jugaban muy bloqueados porque tienen miedo de decepcionar a sus padres que les aprietan mucho. Algunos de forma desproporcionada. Es un equipo muy bueno que estaba jugando por debajo de sus posibilidades a pesar de que los entrenamientos eran de mucha calidad e intensidad. El problema estaba en el momento del partido.
Estamos ante un caso de acoso infantil en un ámbito deportivo. Inmediatamente le dimos la importancia que tenía. Hay que tener en cuenta el título del artículo: si quieres un ambiente en tu casa agradable, debes mantener limpia tu casa y si hay algo que puede mancharla, debes eliminarlo.
Lo primero que nos preguntamos era identificar el problema:
El acoso deportivo (también conocido como hostigamiento, o por su término inglés bullying) es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre jóvenes deportistas de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. Estadísticamente, el tipo de violencia dominante es el emocional y se da mayoritariamente fuera de los lugares en que los adultos puedan verles.
 Los protagonistas de los casos de acoso deportivo suelen ser niños en proceso de entrada en la adolescencia (12-13 años).
El acoso es una forma característica y extrema de violencia en el deporte. El acoso es una especie de tortura, metódica y sistemática, en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio, la indiferencia o la complicidad de otros compañeros.
Este tipo de violencia escolar se caracteriza, por tanto, por una reiteración encaminada a conseguir la intimidación de la víctima, implicando un abuso de poder en tanto que es ejercida por un agresor más fuerte (ya sea esta fortaleza real o percibida subjetivamente) que aquella. 
El sujeto maltratado queda, así, expuesto física y emocionalmente ante el sujeto maltratador, generándose como consecuencia una serie de secuelas psicológicas (aunque estas no formen parte del diagnóstico); es común que el acosado viva aterrorizado con la idea de asistir al club al que pertenece y que se muestre muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana. En algunos casos, la dureza de la situación puede acarrear pensamientos sobre el suicidio e incluso su materialización, consecuencias propias del hostigamiento hacia las personas sin limitación de edad.
Objetivos y evolución de los casos de acoso deportivo
El objetivo es intimidar, apocar, reducir, someter, aplanar, amedrentar y consumir, emocional e intelectualmente, a la víctima, con vistas a obtener algún resultado favorable para quienes acosan o satisfacer una necesidad imperiosa de dominar, someter, agredir, y destruir a los demás que pueden presentar los acosadores como un patrón predominante de relación social con los demás.
En ocasiones, el niño que desarrolla conductas de hostigamiento hacia otros busca, mediante el método de «ensayo-error», obtener el reconocimiento y la atención de los demás, de los que carece, llegando a aprender un modelo de relación basado en la exclusión y el menosprecio de otros.
Con mucha frecuencia el niño o niña que acosa a otro compañero suele estar rodeado muy rápidamente de una banda o grupo de acosadores que se suman de manera unánime y gregaria al comportamiento de hostigamiento contra la víctima. Ello es debido a la falta de una autoridad exterior (por ejemplo, un profesor, un familiar, etc.) que imponga límites a este tipo de conductas, proyectando el acosador principal una imagen de líder sobre el resto de sus iguales seguidores.
A menudo la violencia encuentra una forma de canalizarse socialmente, materializándose en un mecanismo conocido de regulación de grupos en crisis: el mecanismo del chivo expiatorio. Destruir al que no es seguidor, al que se resiste, al diferente, al que sobresale deportivamente, al imbuido de férreos principios morales, etc.
Tipos de acoso escolar
Hay muchos tipos de acoso:
  1. Bloqueo social (29,3%)
  2. Hostigamiento (20,9%)
  3. Manipulación (19,9%)
  4. Coacciones (17,4%)
  5. Exclusión social (16,0%)
  6. Intimidación (14,2%)
  7. Agresiones (13,0%)
  8. Amenazas (9,1%)
Nosotros vamos a centrarnos en el de
Exclusión social
Agrupa las conductas de acoso escolar que buscan excluir de la participación al niño acosado. El “tú no”, es el centro de estas conductas con las que el grupo que acosa segrega socialmente al niño. Al ningunearlo, tratarlo como si no existiera, aislarlo, impedir su expresión, impedir su participación en juegos, se produce el vacío social en su entorno.
Causas
El agresor: características psicológicas y entorno familiar
Aunque el acosador no tiene por qué padecer ninguna enfermedad mental o trastorno de la personalidad grave, presenta normalmente algún tipo de psicopatología. Fundamentalmente, presenta ausencia de empatía y algún tipo de distorsión cognitiva.
La carencia de empatía explica su incapacidad para ponerse en el lugar del acosado y ser insensible al sufrimiento de este.
La presencia de distorsiones cognitivas tienen que ver con el hecho de que su interpretación de la realidad suele eludir la evidencia de los hechos y suele comportar una delegación de responsabilidades en otras personas. Así, normalmente responsabiliza de su acción acosadora a la víctima, que le habría molestado o desafiado previamente, con lo que no refleja ningún tipo de remordimiento respecto de su conducta (los datos indican que, aproximadamente, un 70% de los acosadores responden a este perfil).
La psicología actual, por otra parte, identifica en los acosadores escolares la existencia probable de una educación familiar permisiva que les puede haber llevado a no interiorizar suficientemente bien el principio de realidad: los derechos de uno deben armonizarse con los de los demás. La consecuencia es la dificultad para ponerse en el lugar del otro por una carencia de altruismo vinculada a un ego que crece a costa de los demás, meros instrumentos a su servicio, y que tiene un umbral de frustración muy bajo. Algunos autores denominan a este tipo de niño como niño tirano
El niño mal educado en la familia probablemente reproducirá en el club los hábitos adquiridos. Ni respetará, ni enfatizará con los profesores, ni con sus compañeros. Sus frustraciones quizá le lleven a elegir un cabeza de turco. A menudo será aquel compañero que le haga patentes sus limitaciones y carencias, o que, simplemente, le parezca vulnerable.
El entorno deportivo
Se puede dar el caso de que la ausencia en el equipo al que pertenece de un clima adecuado de convivencia pueda favorecer la aparición del acoso. La responsabilidad al respecto oscila entre la figura de unos profesores que no han recibido una formación específica en cuestiones de intermediación en situaciones escolares conflictiva, y la disminución de su perfil de autoridad dentro de la sociedad actual.
La televisión
El mensaje implícito de determinados programas televisivos de consumo frecuente entre adolescentes que exponen un modelo de proyecto vital que busca la aspiración a todo sin renunciar a nada para conseguirlo, siempre y cuando eso no signifique esforzarse o grandes trabajos, constituye otro factor de riesgo para determinados individuos.
Los expertos han llegado también a la conclusión de que la violencia en los medios de comunicación tiene efectos sobre la violencia real, sobre todo entre niños. Se discute, no obstante, el tipo de efectos y su grado: si se da una imitación indiscriminada, si se da un efecto insensibilizador, si se crea una imagen de la realidad en la que se hiperboliza la incidencia de la violencia, etc.
En conclusión la televisión con alto riesgo de violencia afecta a los niños, en el sentido de querer y tratar ser como ellos ( tipos de modelo prototipo).
Prevención
Se estima que la intervención simultánea sobre factores individuales, familiares y socioculturales, es la única vía posible de prevención del acoso escolar. La prevención se puede realizar en distintos niveles.
Una prevención primaria sería responsabilidad de los padres (apuesta por una educación democrática y no autoritaria), de la sociedad en conjunto y de los medios de comunicación (en forma de autorregulación respecto de determinados contenidos).
Una prevención secundaria sería las medidas concretas sobre la población de riesgo, esto es, los adolescentes (fundamentalmente, promover un cambio de mentalidad respecto a la necesidad de denuncia de los casos de acoso escolar aunque no sean víctimas de ellos), y sobre la población directamente vinculada a esta, el profesorado (en forma de formación en habilidades adecuadas para la prevención y resolución de conflictos deportivos).
Por último, una prevención terciaria serían las medidas de ayuda a los protagonistas de los casos de acoso deportivo.
Resolución de conflictos
Pese a que la figura del acoso en general atiende a un concepto de negación del conflicto al tratarse de un maltrato soterrado (incluso para la víctima, pues a ella le declaran la guerra en secreto, nunca abiertamente), tal vez podría hablarse de conflicto para simplificar el acercamiento a la materia. Y es que el conflicto forma parte de la vida y es un motor de progreso, pero en determinadas condiciones puede conducir a la violencia. Para mejorar la convivencia educativa y prevenir la violencia, es preciso enseñar a resolver conflictos de forma constructiva; es decir, pensando, dialogando y negociando. Un posible método de resolución de conflictos se desarrolla en los siguientes pasos:
  • Definir adecuadamente el conflicto.
  • Establecer cuáles son los objetivos y ordenarlos según su importancia.
  • Diseñar las posibles soluciones al conflicto.
  • Elegir la solución que se considere mejor y elaborar un plan para llevarla a cabo.
  • Llevar a la práctica la solución elegida.
  • Valorar los resultados obtenidos y, si no son los deseados, repetir todo el procedimiento para tratar de mejorarlos.
Una buena idea puede ser la de ir escribiendo las distintas fases del proceso, para facilitar su realización. En los programas de prevención de la violencia escolar que se están desarrollando en los últimos tiempos, se incluyen la mediación y la negociación como métodos de resolución de conflictos sin violencia.

Cómo se resolvió el caso de Marcos
Parece ser que se resolvió a tiempo. El coordinador y el entrenador reunieron al grupo al día siguiente en la hora de entrenamiento. El entrenador dejó claro que no iba a haber entrenamiento en el campo porque lo que iban a comentar era más importante que el entrenamiento.
Conseguimos que los niños hablaran con confianza y empezaron a contar unos y otros todo lo que ocurría entre ellos. Efectivamente estaba habiendo un rechazo del grupo con respecto a Marcos. Sin embargo también salió en la conversación que Marcos a veces se lo ganaba a pulso porque era muy bromista y a veces iba de figurilla. 
El hecho es que se dieron cuenta de que no estaba habiendo un comportamiento correcto entre unos y otros y que había que cambiar de actitud. También se dieron cuenta de que en la Fundación no íbamos a permitir este tipo de comportamiento y que se jugaban la permanencia en el equipo.
Se reforzó el valor de la convivencia y del compañerismo y se siguió trabajando durante toda la semana. El domingo, el partido fue todo un éxito. Los padres comentaron que habían apreciado un gran cambio de actitud en los niños y que era la primera vez que se jugaba realmente en equipo.
Hay que seguir trabajando en este sentido para consolidar este grupo de forma definitiva.
Pero la herida no estaba cicatrizada…
Una mañana soleada de invierno, este grupo que hemos descrito, jugaba un importante partido contra el mejor equipo de la liga. Ya sabéis cómo son estos partidos. Están llenos de presión y de nervios. Las dos primeras partes puede decirse que se jugó correcto y que incluso parecía que aquello podía mantenerse.
Pero los goles llegaron y el equipo se vino un poco abajo. En estas situaciones especiales donde los chicos están al máximo, es cuando se vuelven transparentes y muestran todo lo que llevan en su interior. Marcos estaba, parece ser, desesperado y ante una acción del árbitro que pensaba que era injusta, le insultó desairadamente. Luego se produjo un dialogo entre Raúl y Marcos que no fue muy positivo y aquello terminó mal.
Finalizó el partido y el entrenador llamó a los dos jugadores y les comentó que si seguían con esta actitud tendrían que abandonar el equipo. Marcos salió llorando porque parece ser que sus padres se iban a enfadar mucho con él si le echábamos del equipo. A todos nos hizo pensar que algo había allí que no iba bien en esa familia.
Efectivamente, los padres de Marcos se enfadaron y no demostraron tampoco muy buenas maneras con el entrenador. El coordinador de la Fundación decidió hablar con laos padres al cabo de unos días. Los padres se disculparon por su actitud pero pensaron que había que reparar la imagen dañada por el jugador y por el padre.
Dejamos que pasara la Navidad y a la vuelta les recordamos que Marcos iba a jugar en un equipo de la Fundación distinto que lleva otro entrenador y este, al ver que era de una categoría inferior se negó a aceptarlo porque se veía humillado. Precisamente allí estaba la reparación y el sentido del castigo. 
Pero los padres, de nuevo, faltos de fortaleza para que el niño pudiera aprovechar una ocasión tan interesante para mejorar, apoyaron la decisión de su hijo de no ir a ese equipo y salir de la entidad. La razón principal fue que Marcos no podía jugar con una categoría tan baja. De nuevo se supeditan otros aspectos distintos al formativo.
Como entidad, no podemos hacer nada más. Son los padres los que deben decidir lo que hacen con sus hijos pero realmente nos causó una profunda pena que un chico así haya decidido abandonarlo todo a pesar de que es consciente de que tiene su culpa.

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