El
arte de saber escuchar
Si
realmente queremos educar, aunque parezca contradictorio, hay que saber
escuchar a nuestros alumnos, a nuestros hijos porque no son muebles sino
personitas, inteligentes y libres, protagonistas de su propia educación. Cuando
les escuchamos de verdad nos damos cuenta realmente de los que nos quieren
decir y podemos responder a sus inquietudes con acierto.
Escucharles
de verdad significa que cuando dicen algo, aquello que dicen tiene un
significado más profundo de lo que podemos imaginar y nosotros, si queremos
realmente educar, hemos de hacer el esfuerzo de pensar inmediatamente qué es lo
que nos ha querido decir cuando me respondió así. Si realizamos siempre este
esfuerzo, podremos ayudarles de verdad a crecer.
Cuando
empezamos un entrenamiento y damos las primeras instrucciones, de repente
podemos oír una expresión como esta: ¡otra vez este ejercicio! Podemos
enfadarnos con el comentario o podemos escuchar lo que nos está diciendo con
este mensaje. En realidad, si reflexionamos con sinceridad, podemos deducir
muchas más cosas de lo que las palabras en si significan. Nos está diciendo que
no nos hemos preparado la clase y repetimos una y otra vez el mismo ejercicio
porque nos parece muy interesante. Nos está también diciendo que no les motiva
en absoluto un ejercicio así y que para eso no vienen a entrenar. Nos está
dejando claro que nuestros alumnos están decepcionados porque quieren más. Si
sabemos escuchar podemos entender lo que nos están diciendo entre líneas
nuestros alumnos. Pero hemos de saber hacerlo y esto, a veces cuesta, porque
con frecuencia únicamente nos escucharnos a nosotros mismos, nuestra forma de
hablar, nuestra forma de entrenar, nuestra estilo de dirección de grupo,
nuestra gran experiencia, etc.
Además,
cuando sabes escuchar, la gente que está a tu alrededor se siente a gusto
contigo, pierde la timidez y gana en confianza. Son capaces de contarte lo que
no le contarían a nadie y eso es muy importante para el educador ya que puede
aprovechar esas circunstancias para ayudarles más.
Sin
embargo, al escuchar a los demás, no podemos pensar que siempre debemos admitir
que lo que nos cuentan es verdad o que lo que sienten es cierto. Educamos
cuando enseñamos la verdad y no cuando damos la razón a alguien. Por lo tanto,
escuchar es muy importante pero luego debemos saber como proceder para
conseguir que nuestro alumno llegue a la verdad.
El
hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierten
esos vicios en virtudes. Este es el caso de nuestros deportistas que se dejan
influir por el mal ejemplo de nuestras estrellas del fútbol y los imitan en su
forma de actuar porque piensan que si todos los hacen es porque está muy bien.
Los jugadores de fútbol escupen, por eso nuestros jóvenes están constantemente
escupiendo en los partidos. Protestan y gritan al árbitro y ellos hacen los
mismo. Se tiran al suelo para simular una falta y ellos lo repiten con la misma
picardía en cada partido. Piensan que es bueno, que es de jugadores
inteligentes.
Hoy
en día parece que vale todo aquello que hace la mayoría y no es verdad. Hemos
de aclararlo a nuestros alumnos y a nuestros hijos: el hecho de que millones de
personas padezcan la misma patología mental no hace de esas personas gente
equilibrada.
Pero
vamos a la parte práctica de este capítulo:
Lee
atentamente estos 15 consejos de un adolescente a sus padres:
1. Trátame
con la misma cordialidad con la que tratas a tus amigos. Que seamos familia no
quiere decir que no podamos ser amigos también.
2. No
me des siempre órdenes. Si me pidieras las cosas en lugar de ordenármelas, yo
las haría antes y de buena gana.
3. No
cambies de opinión tan a menudo sobre lo que tengo que hacer. Mantén tu
decisión.
4. No
me des todo lo que pida. A veces te pido para saber hasta donde puedo llegar.
5. Cumple
las promesas, tanto si son buenas como si son malas. Si me prometes un premio,
dámelo. Si es un castigo, también.
6. No
me compares con nadie, especialmente con mis hermanos. Si me ensalzas, el otro
va a sufrir. Si me haces de menos, el que sufre soy yo.
7. No
me corrijas en público. No es necesario que todo el mundo se entere.
8. No
me grites. Te respeto menos cuando lo haces.
9. Déjame
valerme por mi mismo. Si tu lo haces todo, jamás aprenderé.
10.
No mientas delante de mí. Tampoco pidas que
mienta por ti, para sacarte de un apuro.
11.
Cuando haga algo malo, no me exijas que te
explique por qué lo hice. A veces ni yo mismo lo sé.
12.
Cuando estés equivocado en algo, admítelo y crecerá mi estima
en ti y yo aprenderé a admitir mis errores.
13.
No me digas que haga una cosa que tu no haces.
Aprenderé y haré siempre lo que tu haces aunque no me lo digas.
14.
Cuando te cuento un problema no me vengas con
que no tienes tiempo o que no tienen importancia. Trata de comprenderme y de
ayudarme.
15.
Quiéreme y dímelo. Me gusta oírtelo decir aunque
tu creas que no es necesario. Me encanta.
En
estas quince ideas tenemos un verdadero itinerario para acertar con nuestro
hijo adolescente. Lo mismo puede aplicarse para nuestros alumnos. Es todo un
compendio de pedagogía que, si somos capaces de seguirla, nuestros hijos y
nuestros alumnos saldrán muy beneficiados.
En
la Fundación Marcet los profesores hacen un verdadero esfuerzo por intentar
escuchar a sus alumnos porque saben que detrás de cada jugador, hay una persona
con una historia única que necesita ser escuchada y comprendida. La convivencia
entre profesores y alumnos durante los cursos es muy intensa. Eso permite tener
grandes conversaciones con ellos de forma natural, en los pasillos, en la
piscina, en un traslado, en el comedor. La predisposición del profesor es
fundamental. Siempre preparado para escuchar lo que nos quiere decir porque
detrás de una afirmación hay siempre un mensaje que no nos debe dejar
indiferentes.
Siempre
recordaré en aquel viaje deportivo a Francia con adolescentes, todo lo que me
contaron sobre el colegio, sus amistades, las fiestas, las drogas, las pequeñas
aventuras, los primeros amores. En realidad me lo contaban porque yo les
escuchaba. En el fondo me estaban preguntando mi opinión sobre todo esto. La
gran dificultad que los adultos tenemos cuando se sinceran con nosotros es cómo
hacerles ver que algunas de las cosas que me cuentan no están bien y hacerlo
sin perder su confianza. Estamos en el punto catorce donde el adolescente nos
está gritando al oído: trata de comprenderme y de ayudarme…
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