Queda
claro que todo está cambiando mucho en nuestra sociedad actual y que posiblemente
una de las cosas que más falta en nuestros hijos el el saber obedecer. Eso
implica una responsabilidad y una libertad, como iremos viendo.
Lo
hemos hecho mal durante un buen tiempo o quizá puede aceptarse mejor la idea de
que lo que hacíamos antes no es correcto ahora. Nuestros hijos, obedecían por
temor al castigo o por no hacer enfadar a papá pero no había una obediencia por
un motivo más educativo, libre de temores y castigos.
Todo
esto se ha ido trasladando a situaciones muy parecidas en la Fundación Marcet.
Niños que no obedecen en casa, tampoco lo hacen en la Fundación.
Mario
es un jugador de 12 años que viene encantado a nuestros cursos y es de Madrid.
El primer día del curso de verano, se les indicó a los chicos que tenían que
cumplir una serie de normas si querían estar aquí. Que estar aquí no era
obligatorio pero que debían saber que participar en una actividad de la
Fundación exige cumplir una serie de normas de convivencia. Una de ellas es que
en el desplazamiento que hay del vestuario a la piscina, hay que llevar el polo
que se les entrega con el uniforme.
Su
profesor estaba viendo un partido al borde del campo de fútbol y Mario pasa por
allí en dirección a la piscina con el polo en la mano en lugar de llevarlo
puesto. El profesor lo ve e inmediatamente le invita a ponérselo con un tono
amable e inmediatamente sigue viendo el partido.
La
respuesta de Mario es afirmativa: sí, ahora me lo pongo. Pero Mario ve que su
profesor no le está controlando y decide no ponérselo ya que quedan unos metros
para llegar a la piscina y no vale la pena. Sin embargo, el profesor alcanza a
comprobar si su orden se ha cumplido y puede detectar que Mario no le ha hecho
caso.
Muchos
padres y educadores, ante esta situación sin importancia por ser pequeña e
irrelevante, giran la cara para no complicarse la vida. Sin embargo este
profesor, que intenta hacer las cosas bien, ve una ocasión de educar a este
chico y decide dejar de ver el partido que, por cierto estaba muy interesante,
y llama a Mario que se extraña de que le llame la atención por esta tontería.
Mario
no tiene el hábito de la obediencia bien arraigada. Obedece solo cuando le
miran y controlan e intenta hacer lo que mejor le parece cuando no le ven. Esto
no es obedecer. Uno debe ser más responsable en este aspecto pero no tiene una
buena educación en este sentido. ¿Cuántos niños actúan así? Muchísimos.
Este
profesor aprovechó la ocasión para ir al fondo de la cuestión. No le reprochó
su mala actuación en sí. Intentó hacerle ver las causas por las que él había
actuado así. Le hizo ver que existía un compromiso por su parte desde el primer
día que se le había explicado cómo debía ir a la piscina. Que si no estaba de
acuerdo, podía dejar de venir a la Fundación pero que si su opción era
participar en esta actividad era con la condición de llevar bien el uniforme.
De esta forma se le hace ver que existen en la vida unas responsabilidades que
hay que asumir aunque a uno no le gusten y que debe cumplirlas siempre, no solo
cuando le vean sino siempre.
Está
claro que la obediencia tiene una faceta importante de responsabilidad que es
lo que debemos inculcar en los chicos. Cuando se lo explicamos correctamente,
obtenemos buenos resultados pero si lo imponemos como mero acto de autoridad,
no conseguimos que lo incorporen como forma de vida.
En
esto tenemos los padres mucha culpa porque no tenemos tiempo ni paciencia para
explicarles a nuestros hijos el por qué de las cosas y queremos ir muy rápido,
consiguiendo resultados inmediatos. Nos enfadamos, gritamos y conseguimos que
los hijos obedezcan. Sin embargo no están obedeciendo porque no lo hacen con
libertad y con responsabilidad. Lo hacen porque nos tienen miedo.
Pau
es un niño mallorquín de seis años que llevaba arrastrando su toalla hacia la
piscina. Es un niño encantador y muy espabilado pero estaba haciendo algo
incorrecto. Su profesor que iba un poco más atrás se dio cuenta y le advirtió
que no arrastrara la toalla. El asombro del profesor fue mayúsculo porque
siguió arrastrándola hasta la piscina. Lo había oído perfectamente porque
cuando el profesor le comentó que no la arrastrara, él se giró para escuchar lo
que le decían.
Como
el profesor iba a una cierta distancia acompañando a otros alumnos, no pudo
corregirle en ese momento. Sin embargo, este es un momento educativo importante
y es interesante ver el compromiso del profesor que no está simplemente para
enseñar a los niños a jugar al fútbol sino que tiene un compromiso más amplio
que incluye la persona de forma integral. Muchos profesores, por cansancio, por
no valorar estos detalles pequeños, por no complicarse la vida, giran la cara
hacia otro lugar e intentar pasar por encima de estas situaciones que no hacen
más que complicarle más la vida: hace mucho calor, los niños están con ganas de
llegar a la piscina y piensan que esto deben corregírselo sus padres.
Este
es el gran valor añadido que aportamos en la Fundación Marcet. Los padres saben
y valoran que llevando a su hijo a la Fundación, van a encontrar un apoyo en la
educación integral de su hijo y que van a intentar transmitirles unos valores a
través del deporte que les van a servir para toda la vida.
Pau
llegó a la piscina, se bañó y lo pasó en grande con sus amigos como cada día.
Pero cuando volvían hacia el vestuario, su profesor encontró la oportunidad de
hablar con él a solas para comentarle lo que había sucedido. Pau lo había
olvidado pero le fue de mucha utilidad lo que le recordaron. Con buenas
palabras, pero en serio, le dijeron que si esto volvía a ocurrir, no podría
volver a la Fundación (algo que él desea de todo corazón) y que debía entender
que si un profesor le da una indicación, hay que obedecer a la primera. Si esto
no fuera así, todo sería un caos porque cada uno haría lo que se le antojara.
Debe entender, a su manera ya que es pequeño, que no estaba bien lo que había
hecho y ya está. Recuerdo que Pau, que es muy sensible, lloró por lo que le
estaba diciendo su profesor. Eran lágrimas de arrepentimiento porque quizá el
nunca se había planteado que aquello estaba mal. Quizá era un mal hábito que
tenía en casa. Quizá era porque al estar tan a gusto en la Fundación se había
tomado una serie de libertades de forma inconsciente. Había que llamar a la
responsabilidad, aunque tuviera seis años. Pau cambio de actitud y se le notó mucho
más sensible a las indicaciones que le iban dando.
Su
profesor, al darse cuenta del cambio que estaba realizando, no dudó en
felicitarle.
Siempre
me acordaré de la cara de alucinación de los padres cuando un profesor
encargado de recoger a los chicos que están jugando en un campo de fútbol con
un balón a la espera de que empiece la clase, consigue que todos los chicos
(más de treinta alumnos) dejen inmediatamente de jugar y corran hacia su
vestuario para encontrarse con su profesor.
Los
padres comentaban cómo era posible conseguir esto cuando ellos no eran capaces
de que sus les hicieran caso cuando les pedían a sus hijos que apagaran la
televisión o que se fueran a la cama, se pongan a estudiar o se vayan a la
ducha.
Cada
día, a las 9,50, los chicos eran avisados y se cumplía el mismo milagro.
Dejaban su emocionante partido, estuviera como estuviera, para acudir a la
llamada del profesor y llegar puntual al primer entrenamiento.
En
casa hemos de introducir unas normas de conducto y pactar con nuestros hijos
las cosas que debe hacer. Si desde el principio marcamos esas pautas y
valoramos en casa esa disciplina, nuestros hijos obedecerán a la primera porque
les hemos hecho ver que, aunque cueste, vale la pena obedecer y que hay que
hacerlo a la primera.
Si
mandamos una cosa y nuestro hijo no obedecen y no pasa nada puede ocurrir que
ellos piensen que no es tan importante ya que no hemos valorado su falta de
obediencia. Los niños no son adultos que hacen las cosas con una
responsabilidad que se les supone. No. hay que desarrollar en ellos esa
responsabilidad porque son pequeños.
Si
ese profesor no hubiera comentado a Pau con paciencia y calma pero con
seguridad que lo que había hecho estaba mal y hubiera dejado pasar la
oportunidad, no habría conseguido lo que realmente logró con él. Ahora tenía
claro lo importante que era obedecer a la primera en un tema tan pequeño como
es llevar la toalla sin arrastrar.
Si
tenemos paciencia para ir corrigiendo en el mejor momento a nuestros hijos sus
faltas de obediencia, llegará un momento en que habrá que felicitarle por su
cambio de actitud y eso le servirá para toda la vida.

Conoces a Javier FONT MARCET? Soy intimo amigo suyo y entrenador del Sant Ignasi INFANTIL A y estoy alucinando de lo bien que haceis las cosas. Ademas javi me dijo que el Plan Marcet lo fundaron sus abuelos...Y queria saber si tenias algun parentesco familiar.
ResponderSuprimirMi nombre es Carlos Minieri, un saludo y mucha suerte! Excelente articulo!
Javier Font es pariente nuestro. Yo soy el Fundador, ex jugador de fútbol y tengo ahora 83 años. Mis hijos son los que continúan esta fundación y esperamos poder conocerte porque debido a la extensión por toda España necesitamos brazos que valores estos temas.
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