lunes 24 de octubre de 2011

Alumnos extranjeros que no hablan castellano.


Cada vez son más los alumnos de la Fundación Marcet que acuden de otros países y que no hablan castellano. Este verano hemos experimentado la llegada de jugadores de origen ruso, alemanes, italianos, franceses, suizos, japoneses, coreanos, americanos, indonesios, australianos, griegos, africanos, etc.

En un principio, pensábamos que no iba a ser un problema para los entrenamientos ya que el fútbol no tiene barreras. Sin embargo, si profundizamos en este aspecto, nos damos cuenta de que nuestro método de trabajo se basa en la buena comunicación entre el profesor y el alumno con lo que sí existe un problema ya que nuestros profesores, no todos dominan el inglés que es el idioma básico de comunicación entre las personas de todos los países.

Pero los profesores que lo dominan, se dan cuenta de que los chicos que vienen de fuera tampoco es que hablen muy bien el inglés y que son capaces de entender cosas pero a medias.

Muchos padres, lo que quieren es que sus hijos aprendan castellano durante este periodo de tiempo que están en España pero como son pocos días, no tienen mucho tiempo. Hemos podido comprobar que el grupo de japoneses es el que viene más preparado ya que llevan consigo un cuaderno en el que cada día anotan las palabras que van aprendiendo a la vez que van realizando un diario de todo lo que hacen en estos días. Los rusos son más desorganizados y aunque desean aprender, no ponen los mismos medios que los japoneses pues no son tan metódicos.

Cuando vienen en grupo, nos piden que los mezclemos para que puedan relacionarse con chicos españoles y entonces parece que trabajan más y avanzan más. El grupito de americanos que acudió este verano quedaron alojados en la residencia todos juntos y eso provocó entre ellos un aislamiento a modo de protección para poder hablar entre ellos en inglés. Con los rusos pasó algo parecido y el aislamiento era mayor.

Todo esto nos lleva a pensar en cómo afrontar estos nuevos retos de una forma educativa correcta de tal forma que los chicos de otras culturas que acuden a nuestros cursos puedan aprovechar su estancia lo mejor posible y se sientan a gusto.

Lo primero que hemos llegado a comprobar es que la acogida es muy importante. Para eso hemos de sensibilizar muy bien a los niños españoles que están en nuestros cursos y hacerles ver qué ocurriría si fuera al revés. Es decir, si ellos fueran la única persona de habla española y que todos hablaran alemán. ¿Cómo se sentirían si no pudieran hablar con nadie en su idioma? ¿Cómo les gustaría que les trataran en esos momentos? Ponerse en la situación del otro ayuda a comprender mejor el asunto y pueden llegar a concienciarse de lo que esto significa. Son niños muy valientes los que vienen aquí porque les falta la seguridad del idioma.

Por lo tanto, nos damos cuenta que nos estamos encontrando con una situación formativa y muy enriquecedora para nuestros alumnos que nos llena de ilusión ya que de nuevo se demuestra que a través del deporte podemos educar a nuestros alumnos en valores tan importantes como son el respeto, el compañerismo, la generosidad, la tolerancia, la amistad.

La segunda medida que pusimos en marcha fue la del alumno de apoyo. Colocamos al alumno más responsable como apoyo para que, a través de unas explicaciones más personalizadas, se preocupara de aclararle todo aquello que al niño extranjero se le puede escapar. Si el alumno de apoyo además sabe hablar bien el inglés (esto suele ocurrir con frecuencia) es más sencillo para todos. Esta situación también provoca un efecto secundario que consiste en el desarrollo de la responsabilidad debido al encargo que recibe de ayudar a su compañero. Hemos notado que este encargo tiene un efecto de arrastre y todo el grupo se siente responsable de la ayuda al alumno que no habla castellano.

La tercera medida consiste en dedicar un tiempo al día para enseñarles vocabulario castellano y proporcionarles un cuaderno (esto lo hemos aprendido de los japoneses) donde van apuntando todo lo que van aprendiendo mediante palabras y dibujos. Esos momentos son estupendos porque la predisposición del niño por aprender es muy grande. Los resultados en los pocos días que están con nosotros son muy grandes.

Muchas veces los problemas no son de idioma sino de cultura. Hemos comprobado que los rusos vienen con unas predisposiciones muy complicadas. Son hijos de personas normalmente con mucho dinero y con una vida fácil, llena de comodidades. Y cuando llegan aquí, se encuentran con una serie de normas de convivencia y de disciplina que no están muy habituados. No tienen una cultura del esfuerzo y el clima de aquí es muy duro para ellos ya que no están acostumbrados a las altas temperaturas del verano. Todo esto hace difícil la convivencia y el trabajo de campo. Alguno no ha aguantado ni un solo día. Otros aguantan pero hay que tenerlos muy atados. A los 10 días de estancia entre nosotros, se empieza a ver un cambio muy positivo y es cuando realmente aprenden.

Se han dado casos de niños rusos que han estado todo el mes y hemos comprobado que la adaptación ha sido total. Uno de ellos está haciendo gestiones para quedarse en España con nosotros porque los padres aprecian el cambio tan grande que se ha producido en su hijo.

Los niños japoneses, que son muchos los que acuden, tienen una capacidad enorme de adaptación. A pesar de no entender nuestro idioma, son tan simpáticos que llegan a ser muy queridos por nuestros alumnos que se emocionan al poder tener un amigo japonés con el que se comunican a base de gestos y de palabras medio españolas y media japonesas. Las comidas son un punto que marcan la diferencia pero como tienen tanta hambre por el deporte que practican, la aclimatación es muy rápida también en este sentido.

Con el paso del tiempo te das cuenta que los niños son iguales en todos los países del mundo y que aunque tienen unas diferencias culturales y una barrera en el idioma, en el fondo no hay tanta diferencia ni tanta barrera. Esto nos anima a seguir trabajando con niños de todo el mundo con la tranquilidad que da su gran capacidad de adaptación. Estamos seguros de que en un futuro bastante inmediato en la Fundación Marcet habrá tantos niños españoles como extranjeros porque el fútbol es un canal óptimo de unión de todas las culturas.

Un alumno de la Fundación Marcet comentaba a su padre que era la primera vez en su vida que convivía con jugadores de tantos países distintos: japoneses, alemanes, americanos, indonesios, griegos, italianos, franceses…y que estaba siendo una experiencia maravillosa porque se entendían con ellos a la perfección.

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